"Eran dolorosamente limpios. Pero, interiormente, apestaban. Nunca, ni una sola vez, abrieron la puerta que lleva al alma; ni una sola vez soñaron con dar un salto en la oscuridad. (...) Lo guardaban todo para el día de mañana, pero el mañana nunca llegaba. El presente era tan sólo un puente y en este puente todavía gimen, como gime el mundo, y ningún idiota piensa en hacer volar el puente. (...) Espíritus inquietos, pero nada aventureros. Espíritus agonizantes, incapaces de vivir el presente. Cobardes indignos, todos ellos, yo incluido. Pues no hay sino una sola aventura y ésta es interior, hacia uno mismo, y para emprender esta aventura ni el tiempo ni el espacio ni tan sólo los actos, no tienen ninguna importancia."
"Todo lo que ocurre, cuando tiene sentido, cae dentro de la naturaleza de una contradicción. Hasta que llegó aquella por la cual escribo estas líneas, me imaginaba que en algún lugar del exterior, en la vida, como suelen decir, radicaban las soluciones de todas las cosas. Cuando la encontré, creí que me había aferrado a la vida, que había apresado algo a lo que podía clavar los dientes. En cambio la vida se me escapó completamente de entre los dedos. Intenté alcanzar algo a lo que adherirme... y no encontré nada. Pero al intentar alcanzarlo, en el esfuerzo de aferrarlo, de adherirme, encallado en seco como estaba, encontré, sin embargo, algo que no había buscado: me encontré a mí mismo."
Henry Miller
Trópico de Capricornio (1939)













14.10.08 @ 00:21